viernes, 20 de marzo de 2015

DESINFLACIÓN TIRANDO A DEFLACIÓN (José Manuel Cansino en La Razón el 16/3/2015)


Los precios en España acumulan una disminución del -1.4 % en lo que llevamos de 2015 y una disminución del -1.1 % si vemos el dato en variación anual (de febrero de 2014 al febrero pasado). Esta tasa de inflación anual para Andalucía también es del -1.4% y puede parecer, si lo miramos como consumidores, que es un buen dato económico dado que aumenta nuestra renta disponible por algo tan sencillo como es abaratarse nuestra centra de la compra.



Sin embargo, los economistas ven en la caída generalizada de precios un severo problema económico que ha movido al Banco Central Europeo a poner en marcha una nueva inyección masiva de euros (del tipo ‘Quantitative easing’ QE). Conviene entender esto pues con frecuencia ocurre que lo que parece una acción lejana y desconexa con nuestra economía cotidiana, como pueda parecer la QE, no lo es en absoluto.
La deflación es la caída de precios generalizada en toda la economía y sostenida en el tiempo y a este es el verdadero problema económico. Un análisis estilizado de la cuestión obliga a diferenciar entre ‘deflación’ y ‘desinflación’. Este último término se refiere a la caída de la inflación o a la desaceleración de la subida de precios (inflación). Aritméticamente podemos afirmar que España no ha entrado abiertamente en deflación pues si bien los precios encadenaban bajadas consecutivas a lo deflación desde el mes de noviembre de 2014, Febrero ha roto tímidamente la tendencia con una subida del 0.2 %. Es una victoria sin alas.
Pese a que pueda parecer lo contrario, la deflación es un problema económico porque anima a retrasar las compras ante una expectativa fundada de que los precios bajarán aún más. Este comportamiento racional de los consumidores es como esperar a comprar hasta que lleguen las rebajas pero viviendo en permanentes rebajas. Naturalmente es terrible para las empresas que ven así como sus ingresos no harán otra cosa que descender.
Precisamente por esto y para espantar el fantasma de la deflación, el Banco Central Europeo acaba de poner en marcha una nueva QE para comprar deuda pública por un valor promedio de 60.000 millones de euros al mes, lo que equivale a gastarse mensualmente el 6 % del PIB español. El objetivo último es liberar los balances de los bancos comerciales de deuda pública a cambio de euros frescos que los bancos deberían colocar en forma de préstamos privados a particulares y a empresas. Se pretende así reactivar la demanda de consumo y con ello presionar al alza sobre los precios.
Pero la QE tiene otros dos efectos colaterales igualmente importantes. El primero es bajar la prima de riesgo y con ella los intereses que los estados tienen que pagan para financiarse y los impuestos que los contribuyentes habrán de satisfacer para devolver la deuda emitida. De hecho, la semana pasada el Tesoro Español ya se benefició de una nueva bajada de la prima de riesgo que dejó nuestro diferencial con el bono alemán en apenas 0.8 puntos porcentuales.
El segundo efecto colateral de la QE es la depreciación del euro frente al dólar. Una inyección masiva de euros no se comporta de forma muy distinta a una cosecha abundante de aceitunas de mesa de esas que envasa el grupo ‘Manzanila olive’. De la misma forma que el precio de la aceituna de mesa se desplomaría con una cosecha abundante, el precio del euro (su tipo de cambio), también. Esto último favorece las exportaciones europeas que, al ser un componente más de la demanda agregada, haría que esta presionase al alza sobre una precios con riesgo de deflación.
En todo esto hay un dato que no debe pasarse por alto y no es otro que la deflación importada. Esta viene asociada a una bajada sostenida del precio del petróleo del que Europa es mayoritariamente muy dependiente. Esta bajada permite no sólo aumentar nuestra renta disponible sino también abaratar muchos costes de producción. El problema –ya lo hemos advertido desde estas páginas más de una vez- es que un efecto rebote en forma de aumento del consumo de petróleo provocará un repunte en las emisiones de CO2.

De momento Europa vuelve a dar una patada hacia adelante al balón en forma de QE.

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