viernes, 1 de enero de 2021

NO SÓLO ACEITUNAS Y ACEITE (Publicado el 08/05/2017 en La Razón)

De los  506.023 Km2 de superficie nacional, el 30 % corresponde a tierras forestales. Después de su uso para la agricultura (40 % del total), las masas forestales representan el principal uso del suelo patrio y a su importancia en el ecosistema y paisaje, se une más recientemente, su papel como sumidero de emisiones de CO2; algo estratégico en la lucha contra el Cambio Climático. Un sumidero de carbono o sumidero de CO2 es un depósito natural o artificial de carbono. Absorbe el carbono de la atmósfera y contribuye a reducir la cantidad de CO2 del aire. En este sentido, las superficies forestales son los principales sumideros naturales del Planeta. Absorben CO2 de la atmósfera, almacenan una parte del carbono tomado, y devuelven oxígeno a la atmósfera.

Los países que, como España, tienen una importante masa forestal, la incluyen en el Inventario de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero que remiten regularmente a la ONU pero no todos lo hacen con el mismo énfasis. Veamos lo que hace España.

Como el papel de la superficie forestal es el de secuestrar en lugar de emitir CO2, su contribución al total de los gases emitidos debe ser negativa. Así ocurre. En concreto y para el último año del que existen cifras oficiales disponibles -2015-, la contribución del sector forestal español fue de -37.668,57 miles de toneladas de CO2 equivalente. Esta cantidad, cuando se pone en el contexto general del inventario de emisiones, no resulta nada desdeñable.

Cuando España no incluye en su inventario el secuestro del CO2 por las superficie forestal, las emisiones de las que somos responsables ascienden para 2015 a 335.661,52 miles de toneladas pero cuando se restan las del sector forestal, se reducirían a 297.992,95 miles de toneladas de CO2 equivalente. La diferencia es lo suficientemente importante como para que España dedique a potenciar la capacidad de secuestro de este sumidero natural esfuerzos similares a los que están orientados a reducir las emisiones de los sectores más contaminantes.

La realidad es bien diferente, en el resumen que España exhibe de los datos remitidos a la ONU, se excluye al sector forestal (técnicamente incluido en el apartado que se denomina ‘usos del suelo, cambios de uso del suelo y silvicultura’). En línea con lo anterior, el documento ‘Información sobre acciones en el sector del uso del suelo, cambio de uso del suelo y selvicultura de España’ publicado por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente en 2015, permite comprobar el poco músculo presupuestario de las medidas orientadas al sector forestal.

Pero no sólo sorprende este hecho. También llama la atención la difusa presencia de la superficie forestal dedicada al cultivo en los cálculos de emisiones de CO2. Particularmente importante es en este caso el olivar pues sumando la superficie dedicada a aceituna de almazara con la de aceituna de mesa, resultan plantadas 2,4 millones de hectáreas (el 4.8 % de la superficie nacional y el 16.2 % de las tierras forestales totales). Indudablemente su contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero no es inmediata de establecer pues por una parte se ubica en el sector agrícola (emisor de  35.978,59 miles de toneladas de CO2 en 2015) y por otra actúa como sumidero.

Lo anterior respalda los esfuerzos que se hacen por parte de quienes trabajan en conseguir hacer de la agricultura un sector en el que el balance neto de las emisiones de CO2 sea nulo una vez que se compensan la actividades contaminantes (la mayor es la fermentación entérica) con el papel como sumidero de las plantaciones. Por ejemplo, es interesante el estudio que realizó la AGENCIA DE GESTIÓN AGRARIA Y PESQUERA DE ANDALUCÍA para las nuevas plantaciones de olivar en Andalucía.

El resultado de este estudio es que para 2011 la tasa de fijación superficial anual neta del olivar era de 3,72t CO2/ha por año, lo que en cómputo nacional supondría un secuestro de 9.189 miles de toneladas de CO2, esto es, el 24,3 % de lo que el total del sector forestal absorbe anualmente. Naturalmente, el cálculo es muy grueso porque considera que todas las hectáreas de olivo tienen la misma capacidad de fijación de CO2, lo que no es cierto, pero la cifra es suficientemente llamativa para trabajar sobre este resultado por parte de todos los agentes –privados y públicos- del sector.

 

EL VÉRTIGO DEL EMPLEO INNECESARIO (Publicado el 01/05/2017 en La Razón)

Una paradoja en materia económica de la que muy pocos escribirán es la siguiente; la economía española sólo ha recuperado el 40 % de los empleos destruidos entre 2008 y 2013 (unos 3.5 millones), sin embargo, estamos próximos a recuperar el volumen de producción (PIB) previo al inicio de la crisis en 2008 (1.12 billones de euros). Así las cosas, ¿qué hacía el 60 % de trabajadores que lo eran en 2008 y que pese a no estar empleados en 2017, no impiden recuperar el volumen de la producción interior previo a la crisis? Sólo si se admite un crecimiento de la productividad del empleo propio de una etapa de revolución industrial es posible entender que se pueda prescindir de tantas personas para producir lo mismo o incluso más.

Hay algunas claves que ayudan a entender lo anterior pero, a mi juicio, sólo parcialmente. Desde luego una de ellas es que el uso masivo de las nuevas tecnologías en el trabajo ha crecido intensamente en esta década de crisis. Desde las actividades relacionadas con la logística (gestión de almacenes, pedidos, registro de pasajeros, facturación en las líneas de caja de las grandes superficies, …) hasta las más sofisticadas relacionadas con el diseño de nuevos productos, se realizan ahora con mucha menos necesidad de personas empleadas. Esto es posible por el uso de dispositivos electrónicos inteligentes y relativamente baratos. Los propios consumidores, en establecimientos sin apenas personal, facturamos y embolsamos la compra y los pasajeros venimos ya de casa con el billete y equipaje registrados sin apenas necesitar personal en los mostradores de las compañías de viajes.

Otra de las claves está en el desarrollo de lo que algunos denominan la “gig economy” basada en relacionales laborales tipo ‘freelance’. En este marco de nuevas relaciones laborales el profesional (fontanero, médico o vigilante de seguridad) recibe una llamada para realizar un servicio, pone su conocimiento, su mano de obra y los medios precisos, cobra, da un porcentaje a la empresa mediadora y se va a esperar el siguiente “bolo”. No se necesitan las tradicionales empresas de servicios, ni las compañías de seguros médicos ni el personal ni las infraestructuras habituales. Todo esto desaparece inmerso en una economía de “low cost” que es posible gracias al uso de tecnologías que ponen en contacto al profesional con el usuario.

En mi opinión, lo anterior es una explicación parcial, si quieren aún anecdótica pero que ayuda a entender cómo es posible que habiendo recuperado sólo 1.5 de los 3.5 millones de empleos destruidos en España, sea posible alcanzar de nuevo el PIB de 2008. Sin embargo y como recuerda el catedrático de Macroeconomía de la Universidad de Harvard, Gregory Mankiw, el plural de ‘anécdota’ es “datos”.

Pero si la paradoja anterior ya resulta preocupante, no lo es menos asomarse a la fotografía del nivel de vida de las familias en esta poscrisis. Ángel Gurría, secretario general de la OCDE que agrupa a la treintena de países que generan la casi totalidad del PIB mundial, durante la presentación del estudio económico que la organización ha realizado sobre España, señaló que la tasa de pobreza infantil en nuestra Nación es del 23.4%, mientras que la cifra media de los países que integran la OCDE se sitúa en el 13.3%. No muy alejado de esto, sobre el ‘bluf’ de la generación más preparada, escribía un periodista hace unos días bajo el seudónimo Baldomero, “entre 800 y mil euros es un sueldo que firman hoy alegremente licenciados con dos idiomas y varios master. No llegan a fin de mes, no pueden comprar un hogar ni menos crearlo (…)”.

Para España, la salida de la crisis iniciada en 2008 es hoy día poco discutible en términos de PIB. En cambio, las relaciones laborales y el nivel de bienestar en la España poscrisis están repletas de incertidumbres. Buena parte de ellas son incertidumbres compartidas por muchas economías occidentales. Sin embargo, los análisis económicos habituales no van más allá del dato que dibuja la coyuntura económica o tal o cual previsión macroeconómica.

Quizá la Literatura o, dentro de ella, el género de la novela, nos aporte perspectivas desafiantes más allá del gráfico rutinario de cualquier macromagnitud. Por ejemplo, el escritor y ex agente del KGB Daniel Estulin sostiene en su libro 'Fuera de control' que las crisis del petróleo de los años 70 del siglo pasado fueron promovidas por los servicios secretos británicos empeñados en conducir al mundo islámico hacia una Edad Media basada en el odio al modelo de vida occidental que, de paso, lo abocaba a una economía permanentemente empobrecida y poco demandante de materias primas que quedaban así a disposición de Occidente. Con lecturas como esta, no es posible impedir que afloren opiniones de quienes piensan que el estallido de la crisis financiera era el punto de no retorno hacia una economía mundial en la que resultaba prescindible buena parte del factor humano; de la población empleada.

 

EL AHORRO DE LOS MENOS RICOS (Publicado el 24/04/2017 en La Razón)

El endeudamiento de los hogares españoles se redujo entre 2015 y 2016 en casi 11.500 millones de euros al tiempo que los activos financieros en su poder –el ahorro- aumentaron en unos 27.850. Como consecuencia de lo anterior, el Banco de España acaba de informar de que los activos financieros netos en manos de las familias españolas (la diferencia entre la primera y segunda cifras) aumentaron en algo más de 39.000 millones de euros. Los hogares españoles poseen un patrimonio neto de casi 1.3 veces el valor del PIB anual.

Al tiempo que las familias españolas siguen quitándose deudas de encima y aún desconfían de la recuperación económica (por eso no repunta el crédito), llega el momento de hacer la declaración de la renta. Esto permite ver el ahorro de los españoles desde otro punto de vista; el de su rendimiento.

Viene esto a colación del dato del ahorro de los andaluces que comentábamos la semana pasada; una fotografía que no nos mostraba con un perfil precisamente ahorrador y que conviene poner en perspectiva. Un buen ángulo es comparar el perfil de ahorro de las regiones españolas similares en renta per capita.

El ranking más reciente de renta per capita regional lo aporta Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea. Los datos se contienen en el anuario estadístico de 2016, están presentados en lo que los economistas llamamos paridad de poder de compra (lo que permite una comparación entre cifras homogéneas) y otorgan el valor 100 al promedio de renta regional europea. Con los datos en la mano, el ranking de las tres últimas regiones españolas permanece como una fotografía indeleble que se mantiene inalterada desde hace décadas: Castilla-La Mancha (71.69), Andalucía (67.39) y Extremadura (62.83). Dejamos a un lado aunque es oportuno recordar que la posición de Ceuta y Melilla es peor.

Es interesante ver el perfil ahorrador de estas tres regiones para ver si se confirma o refuta el perfil poco ahorrador de los andaluces; un perfil fácil de enlazar con el arquetipo de una ociosidad indolente. Todavía más interesante es ver si ese perfil permanece constante antes y después de la reciente crisis.

Tomemos tres años; 2007 (previo a la crisis), 2012 (pico máximo de la recesión) y 2015 (último año para el que disponemos de datos tributarios). Si vemos el ahorro a través de las declaraciones de la renta, debemos tomar como un buen indicador el de los rendimientos del capital mobiliario. Indudablemente no nos dan el volumen del ahorro (para eso tenemos otras fuentes) pero sí el rendimiento del mismo. Habida cuenta de que los productos financieros son similares en todas las regiones españolas, la fotografía que ofrecen los rendimientos del capital mobiliario es una buena aproximación al ahorro regional.

Los datos de la Agencia Tributaria son claros; la renta determina el ahorro así que no hay un perfil de ahorro más bajo de los andaluces con respecto al resto de regiones españolas con menor renta per capita.

Para ser exactos, en 2007 más de 2.5 millones de andaluces declararon tener rendimientos de sus ahorros. En 2015 habían dejado de hacerlo medio millón de contribuyentes si bien es cierto que mediando reformas fiscales entre uno y otro año. El rendimiento medio fue de 792 euros en 2007 y un poco menos -749 euros- en 2015. Entre medio y en 2012 (pico máximo de la crisis) el rendimiento repuntó hasta los 808 euros por declaración media del IRPF. Conviene recordar que eran años de una elevada prima de riesgo y, consecuentemente, también elevados tipos de interés.

Lo más interesante es que el ranking de ahorro corresponde perfectamente al ranking de renta per capita antes y después de la renta, es decir, de antepenúltima a última posición la secuencia es siempre, Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. Los rendimientos promedio fueron de 902, 792 y 606 euros en 2007 y 886, 749 y 722 euros en 2015. Para el año 2012 la fotografía no cambia.

El único análisis estilizado que se puede hacer es el que arroja un deterioro del perfil ahorrador de los andaluces. Por ejemplo, en 2015 los rendimientos del ahorro en Andalucía eran el 82 % de los que obtenían los castellano-manchegos mientras que en 2007 eran el 87 %. Los extremeños también mejoran su posición respecto a Andalucía. A efectos fiscales sus rendimientos respecto a los andaluces en 2016 eran el 96 %; mucho más cerca que en 2007. Para este año los rendimientos del ahorro en Extremadura eran sólo el 76.5 % de los rendimientos en Andalucía. Las conclusiones no son difíciles de extraer.

ATENTO AL SMS DE HACIENDA (Artículo publicado el 17/04/2017 en La Razón)

 La aplicación de mensajes SMS de nuestros móviles apenas se usa pero en ella se reciben mensajes verdaderamente importantes. Aparte de los códigos de verificación de operaciones financieras que realizamos, en unos días recibiremos un mensaje de la Agencia Tributaria (AEAT) indicándonos el número de referencia que nos permitirá acceder a nuestro borrador de declaración de la renta. En definitiva, esta referencia junto con alguna información adicional (principalmente el valor que pusimos en la casilla 440 de nuestra declaración del año pasado) nos permitirá conocer los datos fiscales que Hacienda (la AEAT) ya conoce de nosotros.

Con estos datos en el ordenador o en manos de nuestro asesor fiscal, la mayor parte de las casi 20 millones de declaraciones que la AEAT espera recibir se realizarán a través del sistema “Declaración web”, el nuevo servicio que la Agencia Tributaria lanzó el año pasado para sustituir al Programa Padre. El nuevo sistema fusiona éste y el borrador y es más simple y flexible.

La radiografía más reciente que tenemos del IRPF es de la renta por la que los españoles tributamos el año pasado y que corresponde al año 2014. En esa ocasión se presentaron 18,5 millones de declaraciones de las que 3,2 lo fueron por residentes en Andalucía. En total el IRPF hizo tributar a casi 350.000 millones de euros (algo más del 30 % del PIB español).

Como hemos recordado frecuentemente en esta tribuna, los pecheros principales de este impuesto (los que apechugan con su pago) son los trabajadores españoles por cuenta ajena que pagan por los rendimientos del trabajo que perciben. Estos rendimientos están principalmente determinados por sus salarios monetarios. Medidos como ‘rendimientos íntegros’, el promedio español de esta cantidad es fue de 21.909 euros anuales aunque en Andalucía alcanzó sólo a 18.801 euros (un 85,8 % de la media nacional).

Una vez descontadas las cotizaciones a la Seguridad Social (unos 18.700 millones de euros), el IRPF obligó a tributar por casi 310.000 millones de euros en concepto de rendimiento de trabajo. Esto supone que el salario neto medio por el que tributa un español fue de 18.873 euros. Atención porque esta cifra es muy diferente a la que se atribuye a un empresario autónomo y que no alcanza a los 7.700 euros al año. Sin duda una fotografía poco creíble que se explica porque la mayor parte de los trabajadores autónomos calculan su obligación fiscal mediante el sistema de estimación directa; un sistema que –mal utilizado- permite contabilizar como gastos de la actividad empresarial muchos que, en verdad, son de tipo personal.

Volviendo a los trabajadores asalariados (los principales pecheros del IRPF), la mayoría de ellos se concentran entre los denominados tramos de renta baja o media. En el caso de Andalucía, el 61,14 % declaró tener un rendimiento neto del trabajo que se situaba en un rango que iba desde los 1.500 a los 21.000 euros al año. El tramo de renta que incluía a un mayor número de contribuyentes andaluces (726.143) estaba entre los 12.000 y los 21.000 euros de rendimiento neto anual.

La fotografía del IRPF español se completa analizando la tributación del rendimiento del ahorro (un nombre más amable que el que recibía antes bajo la rúbrica de “rendimientos del capital”). Los rendimientos netos del ahorro sometidos a tributación el año pasado superaron los 16.600 millones de euros.

Aquí la fotografía que compara a la media nacional con Andalucía es aún menos favorable que cuando se comparan los ingresos íntegros del trabajo. En promedio, los ingresos íntegros que un español obtuvo en 2014 procedentes de sus fuentes de ahorro fue de 1.320 euros pero sólo de 755 si el contribuyente residía en Andalucía. En definitiva el rendimiento que le genera a un andaluz su ahorro es tan sólo el 57,19 % de lo que genera a un español medio lo que advierte de una diferencia mucho más marcada que cuando se comparan los ingresos salariales, este este caso y como se señaló más arriba, el salario íntegro de un trabajador andaluz era el 85,8 % del promedio nacional. En definitiva, en Andalucía no sólo cuesta más llegar a final de mes sino que nuestro perfil ahorrador es mucho más bajo cuando se analiza con los datos que ofrece la Agencia Tributaria.

10/04/2017

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(01/04/2017)

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viernes, 27 de diciembre de 2019

PLANIFICACIÓN DEL AHORRO DE CARA A LA JUBILACIÓN

A través de los profesores D. Antonio Caballos y D. Manuel González, la Universidad de Sevilla me invitó amablemente a participar en el XIII Ciclo de Conferencias Magistrales en Carmona.

Me pidieron que hablase de la rentabilidad del ahorro y tomé el camino de orientar la intervención a cómo plantear el ahorro de cara a la jubilación. Tomé el caso de un ahorrador andaluz promedio a fecha de 2018. 

El ciclo de conferencias se desarrolla en el marco magnífico del Hospital de San Pedro junto a la Iglesia del mismo nombre. 

Aquí mi intervención por si gustan junto con mi agradecimiento a los asistentes, organizadores y Ayuntamiento de Carmona.

El video está disponible en la pestaña de "Televisión a la carta" de la página de Televisión Carmona (https://play.televisioncarmona.com/). 
Son concretamente los enlaces:
2ª parte: https://play.televisioncarmona.com/v/LF6uQMaCzRMPudxJDg/CONFERENCIA-MAGISTRAL-2019-DEL-12-DE-DICIEMBRE-2/